El periodismo brasileño pierde una de sus voces más lúcidas

São Paulo, 3 de agosto de 2025 — El periodismo brasileño se viste de luto tras la partida de José Roberto Dias Guzzo, más conocido como J. R. Guzzo, quien falleció a los 82 años en la madrugada del sábado 2 de agosto, víctima de un infarto. Referente del análisis político, económico y social durante más de seis décadas, Guzzo fue una figura clave en la consolidación de un periodismo de opinión agudo, firme y comprometido con los valores de la libertad y el pensamiento crítico.

Una vida dedicada al periodismo

Nacido el 10 de julio de 1943 en São Paulo, Guzzo inició su carrera en el periodismo a los 18 años, en el diario Última Hora. Desde ese entonces, su pluma no cesó de registrar, cuestionar y explicar los acontecimientos que definieron el Brasil contemporáneo.

Su carrera despegó cuando se sumó al equipo del Jornal da Tarde y, más adelante, trabajó como corresponsal en París. Sin embargo, fue en el Grupo Abril donde consolidó su figura. Ingresó a Veja en 1968, y apenas ocho años después asumió la dirección de redacción de la revista, cargo que ocupó entre 1976 y 1991, transformándola en una de las publicaciones más influyentes de América Latina.

Bajo su liderazgo, Veja experimentó un auge de profesionalismo editorial, apertura crítica y alcance internacional. Su enfoque era claro: dar espacio a la inteligencia, no al sensacionalismo.

Un testigo de la historia

Guzzo fue testigo privilegiado de eventos históricos globales. Estuvo presente en la histórica visita de Richard Nixon a China en 1972, marcando uno de los episodios más relevantes de la Guerra Fría. También cubrió la Guerra de Vietnam, experiencia que fortaleció su convicción de que el periodismo debía servir como contrapeso del poder, no como su portavoz.

Además de Veja, también tuvo un rol determinante en la revista Exame, especializándose en economía y negocios con un enfoque técnico y accesible. En los últimos años, escribió columnas para O Estado de S. Paulo, Gazeta do Povo, O Tempo y otros medios.

Fue también cofundador de la revista Oeste, desde donde defendió con vehemencia la libertad de expresión y criticó abiertamente los abusos del poder, sin importar su origen ideológico.

Un legado de pensamiento libre

J. R. Guzzo no fue simplemente un periodista. Fue un formador de opinión, un intelectual público, un referente de pensamiento liberal-conservador en un país donde la polarización ha marcado profundamente el debate político.

Sus columnas, a menudo provocadoras, nunca fueron indiferentes. Con un estilo elegante, directo y fundamentado, Guzzo fue un crítico del estatismo excesivo, un defensor de la meritocracia, y un observador implacable de la corrupción política.

A pesar de su postura crítica frente a gobiernos de izquierda, Guzzo nunca dejó de ejercer un pensamiento independiente. Durante los años del bolsonarismo, tampoco ahorró críticas cuando sintió que los valores democráticos estaban en riesgo.

Adiós a un periodista sin concesiones

El velorio se celebró el sábado 2 de agosto en el Cemitério Congonhas, en el barrio Jardim Marajoara de São Paulo, y su sepultura tuvo lugar el domingo por la mañana en el mismo lugar. Entre amigos, colegas y lectores, su partida ha dejado un vacío difícil de llenar.

Conclusión: Un faro en tiempos de niebla

La muerte de Guzzo deja al periodismo brasileño huérfano de una voz que representaba no solo experiencia y lucidez, sino también coherencia ideológica y ética profesional. Su forma de ejercer la crítica fue un llamado constante a la responsabilidad, la reflexión y la acción informada.

A lo largo de seis décadas, Guzzo no se dejó seducir por el poder ni por las modas intelectuales. Defendió con fuerza la autonomía del periodista y el valor de la palabra escrita. En tiempos donde la verdad es a menudo relativizada, su ejemplo se vuelve aún más necesario.

Reflexión: El periodismo que necesitamos

J. R. Guzzo nos recuerda que el periodismo no debe ser complaciente. Que no basta con narrar los hechos, sino que es necesario entenderlos, contextualizarlos y, cuando sea preciso, denunciarlos. En un Brasil marcado por crisis políticas cíclicas, desinformación y pérdida de confianza institucional, su legado representa un punto de apoyo moral e intelectual para futuras generaciones de periodistas.

Es urgente formar comunicadores que, como Guzzo, entiendan que la libertad de prensa no es un privilegio, sino una responsabilidad. Que opinar no es lo mismo que polarizar. Que disentir no es sinónimo de destruir. Que ser crítico no es ser cínico, sino todo lo contrario: un acto de fe en la posibilidad de una sociedad mejor informada y, por tanto, más justa.